Estas Navidades nos hemos propuesto que nos odies. Como creemos que no odias lo suficiente a diario y que esta bonita época de paz y amor nos viene genial para teñirla de sangre y humo negro, pues ¿qué mejor que odiarnos a nosotros?
¿Te hastía la nieve? ¿enloqueces con los villancicos? ¿sientes que todo esto es una farsa y una máscara fruto del capitalismo?
¡¡¡Pues estás en lo cierto!!!
Así que no te preocupes, no estás loco. Tu gobierno no sirve para nada, tu dinero y tu hipoteca solo sirve para que ellos se enriquezcan, tu vida no te estimula lo más mínimo y tu familia etiqueta tu existencia con bolsas del Ikea, del toys’r us y del pull&bear .

No te preocupes, este arbol de navidad no lo has comprado tú
No hay problema, es lo que cuesta vivir exacerbando los sentidos que tienes al alcance de la mano, lo que en antaño (y no tan antaño) los curas se afanaron en denominar “placeres terrenales”. Pero es curioso como a toda esa gente que se afana en odiar la Navidad, la vida en general les cansa.
Las modas, como todo, vienen y se van; se ciclan cual portero de discoteca y luego se vuelven a reciclar, y en los periodos de crisis existencial en el que nuestra persona está siendo atacada por medios individualistas hasta decir basta; por el único lugar por el que podemos escapar: escapamos.
Bien dijo Freud en su Malestar de la cultura que los humanos estábamos pagando muy cara la deshumanización de nuestro entorno. La crísis material le llega todos los años a la gente por las mismas fechas. La cercanía del fin del ciclo anual, los forzados contactos con la agenda, el frío, la “obligación” de satisfacer los deseos de la gente que está a nuestro alrededor; mina, más que nunca, nuestra capacidad de pensar alto y claro con nuestra propia mente.

Freud no tenía un imac, ni un ipod ni un
estado mental normal, pero eso no nos importa
Dejamos que los medios piensen por nosotros, es más fácil leer el mismo periódico todas las mañanas y moldear tu opinión que afanarse en buscar diversas opiniones y sacar tus propias conclusiones. Los medios y la política son casi el motor psíquico de nuestra nación y nos mienten como cosacos para mantenernos divididos. La izquierda y la derecha combaten en un campo de batalla semántico por hacerse con la victoria, mientras que nosotros pagamos el pato de quien está sentado en la Moncloa pero también el de quien está sentado en Génova 13.
Esto ocurre por la ancestral creencia de que todavía existe una izquierda como tal, y una derecha como tal, directamente heredadas de la guerra civil. Y no. Esto señores, ha cambiado mucho.

Un claro ejemplo de estereotipos de ambos lados.